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Naturaleza, Ruralidad y Civilización
Ja disposseu a la distri MaldeCap de la nova edició de Brulot, el llibre: Naturaleza, Ruralidad y Civilización. Els textos que ací es troben arreplegats tracten de recuperar la memòria de les el·laboracions intelectuals i la lluïta del passat contra la modernitat, la tecnologia i l'aparell estatal, desde les "milicias concejiles" medievales fins l'obra escrita de F:Urales, F.Alaiz i altres integrants del moviment anarcosindicalista anterior al 1936 calificats "d'agraristes", continuant amb les grans movilitzacions campesines contra la II República española, sense oblidar la guerrilla antifranquista (1939-52), què és principalment un moviment de masses de caràcter rural i les lluïtes dels anys 60 contra l'expropiació dels bens comunals per part de L'EStat-Capital.
Prologo I. [De la necesidad de la Historia ]
Dijo una vez T. W. Adorno que siempre que los historiadores recuperan el pasado en el presente es para condenarlo de nuevo al olvido, y a ese olvido ha sido enviado por una categoría histórica que ha sido omnipresente desde el nacimiento de la Historia como disciplina académica: el progreso, pues la historia oficial se ha ordenado en torno a una concepción del tiempo donde el presente siempre es mejor que el pasado y el futuro superará sin duda el presente. Así, los historiadores y especialistas culturales han construído una sucesión coherente de acontecimientos, contínua y legitimante, y lo han hecho de tal forma que la verdadera continuidad quede oculta, y esa continuidad no es otra que la de la opresión histórica real de los estamentos dominantes sobre los oprimidos, es decir, el contínuo repetirse las mismas relaciones de poder y el despligue de un progreso al servicio real de ese propio sistema y de la expansión de su capacidad de control.
Estamos en un punto en el que el desdén de las personas sea de la edad que sean por el conocimiento de su pasado, por la memoria y los orígenes de nuestro presente ha ido transformándose desde la amnesia colectiva a la nueva construcción del mismo pasado, que se ha visto cambiado por otro -sea en términos de "patrimonio histórico", de bienes culturales, de ciudades capitales de la "Cultura"...-. Se logran así importantes efectos, pues igual que ocurre con la carencia de imaginación creciente que imposibilita cada vez mas proyectar a las claras un futuro, el presente sin pasado tiene un efecto paralizante, pero además un pasado inventado hace de la movilización presente hacia el futuro puro fascismo. Como mucho, la reflexión a la que debía de invitar el acercamiento al pasado se ha reconvertido en un consumo desmedido de historia-basura de coleccionables de kiosko, dentro de esa categoría que hoy día mueve montañas -en un contexto de vacío personal sin el cual es inexplicable- que es el "morbo". Efecto significativo ya que el jardin del saber cerró desde su origen sus puertas a una parte de la población que en todo caso ya había interiorizado su inferioridad para comprender ciertos textos y asuntos -Jornadas donde diversos especialistas les hablan de su pasado y acontecimientos "culturales" de esta ralea se lo recuerdan en todo caso-. La voz viva de los pocos ancianos que quedan -pues cada vez se vive más en una pubertad vitalicia- quedará sepultada por el paso del tiempo y la letra escrita, que incapaz de asumir sus particularidades, será la misma que rubique sus tumbas.
En un mundo de "especialistas" la voz de los amos se reproduce hábilmente. En este caso especialistas policiales de una Historia hecha para los vencedores, reproductores de una perspectiva que se cree con el gran pastel de la verdad absoluta en los más ingenuos de los casos; pues la Historia universitaria no deja de ser, como todo lo que a ese mundo de especialistas rodea, un burdel de intereses creados donde el ego, la competitividad y el personalismo actuan de principales motores. Mentir -o para el caso, decir la verdad a medias- es lo de menos. El historiador de hoy es o bien un mercenario cuando va por "libre", o bien un mero gestor de intereses cuando hablamos del ámbito universitario.
Esta forma de hacer historia, excluye, obvia o simplemente fagocita lo diferente, la ruptura y la discontinuidad, convirtiéndolo en folklore, lo exótico, en "tendencias sociales" o lo "popular", sobre todo a través de lo que hábilmente se llama patrimonio cultural. En ese sentido, la reflexión de Walter Benjamin acerca de la historia y el progreso cobra hoy nueva vigencia: "quien hasta el día actual se haya llevado la victoria, marcha en el cortejo triunfal en el que los dominadores de hoy pasan sobre los que también hoy yacen bajo tierra. Como suele ser costumbre, en el cortejo triunfal llevan consigo el botín. Se le designa como bienes de cultura" (...), y de ahí, "que no se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de la barbarie" .
Para John Zerzan, "la sociedad tecnológica sólo podrá destruirse anulando el tiempo y la historia". El problema de su planteamiento es que esa anulación de la historia pasa por una supresión así mismo de cualquiera de sus sujetos, acercándose a una posición propia de la filosofía postmoderna, que no asume con responsabilidad alguna la exigente de justicia que tanto el presente como el pasado demandan. Si hemos hablado de un tiempo de neo-fascismo, la postmodernidad, la época del pensamiento débil y de la vida "líquida" es de hecho su garante. De todas formas su libro Futuro primitivo (1994) supuso la apertura de una serie de enfoques dentro de la tradición anti-autoritaria que aunque se puedan rastrear ya desde finales de la Edad Media, en los planos teórico y de la acción ha venido a configurar una de las líneas más interesantes pero también problemáticas del pensamiento anarquista en la última década, conocida bajo el nombre de "primitivismo". Un año después de su publicación era detenido Theodore J. Kaczynski, momento desde el cuál, el conocido Manifiesto de Unabomber (La Sociedad Industrial y su futuro) se convirtió igualmente en un texto fundamental en la crítica del "sistema de dominio tecnoindustrial". Sin entrar en el análisis de las distintas posiciones y apuestas políticas que se han desarrollado desde aquellos años hasta hoy (pueden verse el artículo "La crítica industrial y su futuro", en el nº 33 de la revista E. Zuzena, y el texto "¿Se abre paso la crítica anti-industrial?", Los Amigos de Ludd, nº 8), se pueden destacar trabajos traducidos y publicados, como los de la Enclicopédie de Nuisances, la recuperación de la teoría crítica del siglo XX (Escuela de Francfort, S. Weill, L. Mumford, J. Ellul), y otros trabajos, como las ediciones de la editorial Alikornio. Lo cierto es que en la última década, cada uno desde su lugar, dentro del llamado movimiento libertario se ha acentuado -como por otra parte cabría esperar por el propio desarrollo de la urbe industrial y sus efectos- de forma exponencial la crítica al industrialismo y al desarrollismo, clarificando las múltiples implicaciones que su acción tiene así como la creciente extensión a otros terrenos, como el de la biotecnología, la energía nuclear y las nuevas tecnologías digitales.
Si bien todo este aporte teórico en un principio vino al Estado español desde fuera, desde el año 2001 el boletín LOS AMIGOS DE LUDD, publicación declarada abiertamente antiindustrial, se caracterizó por su labor traductora, pero también por análisis profundos centrados en la realidad y la historia de la península ibérica y que rompía con la candidez e ingenuidad de los enfoques más idealistas (incluso milenaristas, se podría decir), buscando una conexión de la teoría con la práctica. A algunos nos llamó también la atención de un rescate de la historia ajeno a la falsificación a la que esta es sistemáticamente sometida por sus especialistas y recuperando momentos lejanos o no tanto que fueron potencialmente revolucionarios y en todo caso, sujetos a procesos que son hoy muy explicativos de nuestro presente.
Los textos que aquí presentamos van en la línea emprendida por dicho boletín. Crítica de la tecnología, de la sociedad industrial, de la gran urbe y de la teoría del progreso, en la línea desarrollada por el colectivo "Los Amigos de Ludd", del que Félix formará parte desde el año 2002. Estos textos fundamentalmente se encargan de una investigación imparcial del pasado, por ejemplo de la Alta Edad Media, sin cuyo conocimiento no es posible inteligir la génesis del concejo abierto, de los bienes comunales y del mundo rural preindustrial en su totalidad, conocimientos normalmente pasados por alto en muchos textos declarados primitivistas, anti-industriales o anti-desarrollistas (¿quizás demasiado esfuerzo?). Así mismo, Félix investiga los procesos de la revolución liberal y del régimen franquista que liquidaron el orden agrario popular. Por otra parte, desde el análisis crítico, sus textos alientan los procesos de desurbanización y marcha al mundo rural, dando apoyo y proporcionando en la medida de lo posible, elementos de juicio a quienes deciden abandonar las ciudades ahora, alternando el trabajo de historia con el apoyo a las actividades y luchas de colectivos de resistencia a los sistemas técnicos, como la Asamblea contra el TAV del País Vasco, o que buscan retomar el contacto con la tierra y lo rural en las condiciones actuales, como el movimiento BAH! -Bajo el Asfalto está la Huerta-.
Así, los textos que aquí se encuentran recogidos tratan de recuperar la memoria de las elaboraciones intelectuales y la luchas del pasado contra la modernidad, la tecnología y el aparato estatal, desde las milicias concejiles medievales hasta la obra escrita de F. Urales, F. Alaiz y otros integrantes del movimiento anarcosindicalista anterior a 1936 calificados de "agraristas", continuando con las grandes movilizaciones campesinas contra la II República española, sin olvidar la guerrilla antifranquista (1939-52), que es principalmente un movimiento de masas de carácter rural y las luchas de los años 60 contra la expropiación de los bienes comunales por parte del Estado-Capital.
II
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